−10%Ramo de 10 lisianthus (Eustoma) Arena Lavender lavanda, Flor fresca de 70 cm de largo, 10 tallos
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El lisianthus se vende con un nombre que la botánica jubiló hace casi setenta años. El válido es Eustoma grandiflorum, pertenece a las gencianáceas y no tiene ni un pariente entre las rosas, por mucho que en el mostrador se la llame rosa japonesa. Tampoco es japonesa: es una flor silvestre de las praderas de Texas y Nebraska que Japón convirtió en flor de corte a fuerza de décadas de mejora. Esta es su historia, y de paso la razón de que cueste lo que cuesta.
El lisianthus de floristería es Eustoma grandiflorum, una herbácea anual o bienal de la familia de las gencianáceas. Sus parientes cercanos son la genciana de montaña y la centaurea menor, y la familia entera es célebre por sus principios amargos, los mismos que dan sabor a los aperitivos de raíz de genciana.
El nombre del género lo explica todo si se traduce: Eustoma viene del griego eu, bien, y stoma, boca, o sea de boca hermosa, por la garganta ancha que enseña la corola. Lisianthus, el nombre antiguo que se quedó pegado a la etiqueta, se lee como lysis, disolución, y anthos, flor: flor amarga.
Un detalle que casi nadie mira y que cambia la compra: el lisianthus no lleva una flor por tallo, sino una inflorescencia ramificada con tres a ocho flores y capullos en distinto grado de apertura. Cada flor abierta mide de cinco a siete centímetros de diámetro en las variedades dobles. Las hojas son opuestas, sin rabillo, abrazadas al tallo y de un verde azulado ceroso, glauco, que es de las señas más fáciles de reconocer.
El lisianthus es americano y de llanura. Crece silvestre en las Grandes Llanuras: Texas, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Colorado, Nuevo México y el norte de México. Y no en cualquier punto de la pradera, sino en sus partes húmedas: vaguadas, bordes de charcas estacionales y depresiones donde el agua se queda más tiempo. Florece entre junio y septiembre, en pleno calor, cuando buena parte de la pradera ya está agostada.
Sus nombres populares en inglés son mucho más honestos que el nuestro: Texas bluebell, campanilla de Texas, y prairie gentian, genciana de pradera. Los dos aciertan: en su forma silvestre la flor es una campana de cinco lóbulos con la garganta a la vista, más cerca de una campanilla que de una rosa.
El género es diminuto: apenas dos o tres especies aceptadas en el mundo, y buena parte de las floras americanas actuales ni siquiera reconocen Eustoma grandiflorum como especie propia, sino como subespecie de Eustoma exaltatum.
La rosa es una rosácea, la parentela del manzano y la zarzamora. El lisianthus es una gencianácea, del orden de las gentianales, que comparte con el cafeto, la adelfa y la gardenia. No hay entre ellos ningún ancestro común cercano: el parecido es convergencia pura, dos caminos evolutivos que acaban en una silueta parecida.
Y se comprueba en treinta segundos. Los pétalos de la rosa son libres y se insertan uno a uno; en el lisianthus la corola está soldada por la base, así que si tiras de un pétalo se te viene la flor entera de una pieza, como una campanilla. La rosa lleva hojas alternas y compuestas, con estípulas y aguijones; el lisianthus las lleva opuestas, enteras y glaucas, y no tiene ni una espina. El fruto de la rosa es el escaramujo, carnoso; el del lisianthus, una cápsula seca llena de semilla del tamaño del polvo.
Así que rosa japonesa y rosa sin espinas son nombres de mostrador: útiles para vender y falsos como botánica. Y esconden aquello en lo que el lisianthus gana a la rosa, la duración en jarrón.
La variedad simple es la forma que existe en la pradera: cinco lóbulos, corola de campana, garganta abierta y los estambres a la vista. Es la más ligera y la que mejor se lee de lejos, y sigue en catálogo por eso, no por descarte. El Falda Apricot es nuestro ejemplo, en un salmón muy pálido.
La doble no es una simple con más pétalos por casualidad. En una flor doble, buena parte de los segmentos petaloides son estambres transformados en pétalos, la misma vía por la que se hacen dobles las camelias, los ranúnculos o las peonías. Consecuencias prácticas: la flor pesa y aguanta más, tiene un aire de peonía en miniatura y, al quedarle menos estambres funcionales, suelta bastante menos polen, que en un centro de mesa no es detalle menor. La tercera forma que verás es el picotee, con el borde de cada pétalo teñido sobre fondo blanco: un Blue Pico o un Hot Lips.
La especie es americana al cien por cien, pero la flor que compras es obra japonesa. En los años treinta llegaron a Japón semillas recogidas en las llanuras de Estados Unidos, y allí se pusieron a trabajarlas casas de semilla con generaciones de oficio: lo que era una campanilla de temporada empezó a convertirse en un cultivo de invernadero.
El trabajo fue por etapas: primero se estabilizaron color y porte; después llegaron los híbridos F1, que dieron la uniformidad de lote que exige la flor de corte; y entre los años ochenta y noventa, las primeras series de flor doble, que son las que cambiaron la percepción de la flor. Series como Echo, Mariachi, Corelli o Rosanne salieron de ahí, y todavía hoy la mayoría de las que verás en una etiqueta son japonesas.
De ahí el apodo. No se le llama rosa japonesa porque venga de Japón, sino porque en Japón se le dio la forma que tiene.
Desde que se siembra hasta que se corta el primer tallo pasan entre cinco y siete meses. Muchas flores de corte anuales cierran ese ciclo en la mitad de tiempo. El lisianthus, no: es medio año de invernadero ocupado, con su calefacción y su mano de obra.
Y tiene una trampa propia con nombre técnico, el rosetado. Si la plántula pasa por temperaturas altas, por encima de unos veintiocho grados, en sus primeras semanas de vida, se queda hecha una roseta de hojas pegada al suelo y no levanta tallo ni florece. Es un fallo que no se ve venir y se paga entero: el lote se pierde tras invertir en él media temporada. Se corrige dando a las plantitas un periodo de frío, pero eso es más manejo y más coste.
Ahí está la respuesta a por qué el lisianthus no es una flor barata. Lo bueno es que ese precio vuelve donde importa, en días de jarrón.
Al ser un cultivo de invernadero hay lisianthus los doce meses, pero su temporada natural es el verano: entre mayo y septiembre entra la producción de campo y la nacional española, y coinciden el mejor precio, la mayor firmeza y la gama de colores más amplia. En invierno sigue habiendo, con menos variedad y a mayor coste.
De diez a catorce días es lo normal, y con conservante y agua limpia se pasa de las dos semanas. Eso lo coloca en el grupo de cabeza de la flor de corte, por delante de casi todo lo que se le parece: una rosa de calidad ronda la semana, y la peonía, con la que se le compara por aspecto, se queda muy por debajo.
Pero el argumento fuerte no es solo la cifra. Como cada tallo es una inflorescencia con flores abiertas y capullos, el ramo no envejece de golpe: los capullos que ya muestran color van abriendo en el jarrón, escalonadamente, y relevan a las flores que se van. Un ramo de lisianthus del jueves no es el mismo el lunes, y esa es la gracia. Retirar con los dedos la flor pasada acelera la apertura de la siguiente.
Hay un límite que conviene conocer: los capullos completamente verdes, duros y pequeños ya no abren; los que abren son los que asoman color por la punta. Y para quien tenga gato o perro, el lisianthus no figura en la lista de plantas tóxicas de la ASPCA, aunque no figurar no es lo mismo que estar declarada inocua.
Usa un cuchillo o una tijera afilada, nunca tijeras de papel, que aplastan las fibras. El tallo es quebradizo justo en los nudos: corta en el tramo intermedio y sujétalo con la otra mano.
Bebe bien y agradece un jarrón con agua abundante. Añade el conservante del pedido: en esta flor no es un extra decorativo, es lo que separa diez días de más de dos semanas.
Sus hojas abrazan el tallo y es fácil dejarse una dentro sin verla. Una sola hoja sumergida se descompone en un día y tapona el tallo. Renueva el agua cada dos días y recorta un dedo al hacerlo.
Sitio luminoso pero sin sol directo y lejos de radiadores. Tampoco al lado del frutero: la fruta madura desprende etileno y el lisianthus es sensible, así que los pétalos se marchitan antes y los capullos se quedan sin abrir.
El corte y el nivel del agua
Busca tallos que mezclen estados: un par de flores ya abiertas, para saber cuál es el color de verdad, y tres o cuatro capullos que asomen color. Ese es el ramo que dura y cambia. Uno con todo abierto es bonito el primer día y corto de recorrido; uno con todo cerrado y verde puede no abrir nunca. Si compras para una fecha fija, cuenta con que un capullo coloreado tarda de dos a cuatro días en abrir.
Comprueba la firmeza del tallo cerca de la base y las hojas, que deben verse de ese verde azulado ceroso y sin amarilleos. Y una advertencia sobre el color: hay lisianthus teñidos, con azules eléctricos, naranjas y turquesas que la especie no produce, y se reconocen porque el color se concentra en los nervios y en el borde del pétalo. Teñir no es fraude si se dice; el problema es cuando no se dice, y por eso en nuestras fichas va escrito.
El grueso de la producción mundial de lisianthus de corte sale de invernaderos de Japón, Países Bajos, Colombia, Ecuador, Israel y Kenia, y por eso hay flor los doce meses. En nuestro catálogo conviven esas series con el lisianthus nacional de temporada, de producción española, que entra en verano.
Se vende en lotes de diez tallos y viaja en dos o tres días laborables a España, Francia y Portugal, revisado antes por frescura y firmeza. No ofrecemos entrega en el día, y lo decimos claro: ese margen es lo que permite tratar la flor en frío y que llegue con toda su vida de jarrón por delante, que aquí son casi dos semanas.
El lisianthus fresco suele durar entre 10 y 14 días en jarrón si se cambia el agua cada dos o tres días y se usa el conservante incluido. Cortar el tallo en diagonal y mantenerlo lejos de fuentes de calor prolonga aún más su vida decorativa.
El lisianthus tiene pétalos más finos y translúcidos que la rosa, sin espinas en el tallo y con una floración en capas más suelta. Ambas comparten un uso similar en ramos, pero el lisianthus aporta un aire más romántico y menos formal.
El lisianthus simboliza aprecio, gratitud y una alegría serena, por lo que es habitual en ramos de agradecimiento, aniversarios y bodas. Su significado varía poco según el color, aunque el blanco añade un matiz de pureza y el rosa de cariño.
El lisianthus está disponible en blanco, rosa, malva, apricot, azul violáceo, rojo y verde, entre otros tonos. En you.florist encontrarás variedades como el Doble Blue Chateau, el Doble Sabrina Orange o el Doble Arosa Red según la ocasión.
Sí, el lisianthus es una de las flores más usadas en ramos de novia por su porte elegante, su textura sedosa y su buena duración durante todo el evento. Combina bien con rosas, peonías y follaje natural sin restarles protagonismo.
Corta el tallo en diagonal al recibirlo, retira las hojas bajo el agua y coloca el jarrón alejado de calefacción, sol directo y fruta madura. Cambiar el agua cada dos o tres días con el conservante incluido es el paso que más alarga su frescura.
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